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Fighting Namibia

La historia de una boxeadora cubana su resilencia, su amor propio y su autodeterminación

Escrito por Haymme Marin

Fighting Namibia

01 Namibia Flores Rodríguez es una campeona de boxeo cubana. Recientemente la vimos en Too Beautiful: Our Right to Fight, dirigido por Maceo Frost.

02 Las mujeres no pueden boxear en Cuba. Entonces Namibia se mudó a los Estados Unidos para perseguir sus sueños, un viaje que vino con muchos desafíos.

03 Namibia alienta a las mujeres de todas las edades a apoyarse en sus puntos fuertes. Cree en ti misma. Invierte en ti misma. Encuentra el lado positivo en todo lo que haces.

Namibia Flores Rodríguez es una campeona de boxeo cubana, aunque en realidad nunca ha competido. En su país las mujeres son consideradas demasiado bellas para ser golpeadas en la cara, el deporte es demasiado duro para las mujeres. Irónicamente, este fue el pensamiento de la ex presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas y esposa de Raúl Castro Vilma Espín - ahora está fallecida pero su idea sigue viva. 

Namibia, que ha estado abogando por que las mujeres puedan pelear competitivamente, ha sido objeto de innumerables artículos y un par de documentales. Recientemente la vimos en Too Beautiful: Our Right to Fight, dirigido por Maceo Frost (2018), y nos impresionó no sólo por su fuerza física y sus habilidades, sino también por su resiliencia. Recientemente hablamos con ella mientras está confinada en Cuba debido a la pandemia.

Too Beautiful: Our Right to Fight | Trailer

Too weak. Too old. Too beautiful. Naysayers only fuel Namibia Flores Rodriguez’s need to fight.

Al final del documental vemos que dejaste Cuba. ¿A dónde fuiste y qué cambió en tu vida?

Después del documental tuve la oportunidad de viajar a los Estados Unidos. Esa puerta ya estaba abierta y la forma en que iban las cosas con el boxeo no permitido aquí en Cuba y mi tiempo como atleta llegando a su fin; me dijeron que en los EE.UU. podría tener la posibilidad de pelear profesionalmente.

Todos tenemos esta idea ilusa de que los EE.UU. son la tierra de las oportunidades. Así que decidí ir y pasé unos dos años yendo y viniendo en busca de oportunidades junto a gente que quería ayudarme. Lo que no sabía, y tal vez esta gente no sabía, es que para pelear profesionalmente se necesitaba un ranking y en el boxeo se necesitaba dinero para poder tener una carrera. En mi caso, no tenía un ranking. Sólo había estado entrenando y no había competido en mi país ni en ningún otro lugar del mundo. Así que ese era un dinero al que la gente que me trajo a los EE.UU. no tenía acceso. Seguí tropezando hasta que decidí ir por mi cuenta y vivir el sueño americano y ver qué podía hacer, pero eso no pudo ser. Así que volví a Cuba hace unos cinco meses. Sacrifiqué mucho aquí para ir a los EE.UU. pero, al final, tuve que volver porque los EE.UU. no son realmente lo que creemos que son. 

Intenté trabajar los primeros meses. Trabajaba y entrenaba, trabajaba y entrenaba, pero estaba agotada tanto física como psicológicamente. Cuando me miré en el espejo, ya no vi a Namibia la guerrera, mi nombre se había quedado por el inodoro o el piso que había estado limpiando.

Es algo honorable, no me avergüenzo de haber tenido que hacerlo, pero no era el camino para mí. Me molestó un poco haber sido Namibia la boxeadora y ahora estar en el baño de un casino. Esto comenzó a crear muchos obstáculos, mentalmente y preferí estar aquí y empezar de cero, pero ser feliz y no bajo ese sistema en el que eres un esclavo. No tuve una buena niñez o adolescencia, y como adulto he encontrado inspiración en mí misma, para seguir adelante.  No podía castigarme a mí misma y sufrir por un poco de dinero. Todo en lo que me he convertido hasta ahora, lo he hecho sin dinero, sin nada, sólo con una mente positiva. 

¿Cómo manejaste estos pensamientos y sentimientos en ese momento?

Cuando empecé a boxear era un hobby y en él encontré un buen amigo. El boxeo es como mi iglesia, donde siempre pude ser apoyada y donde siempre tuve una salida. Empecé a entrenar, hice sacrificios, aunque tenía que trabajar muy temprano y no tenía ganas de hacer nada, tenía que seguir entrenando porque era lo único que me daba vida. Era una fuente de energía.

Cuando empecé a boxear era un hobby y en él encontré un buen amigo. El boxeo es como mi iglesia.

Mencionas en el documental que dejas tus problemas en el gimnasio. ¿Esto ocurrió inmediatamente o trabajaste en ello?

Cuando enseñaba Tae Kwan Do, iba al gimnasio de boxeo para ocupar el tiempo antes de la clase y el entrenador siempre hablaba conmigo. Tenía muchos problemas y cuando llegaba a casa, me daba cuenta de que tenía tanta energía, como si tuviera algo en mis manos, pero no sabía cómo utilizarlo, no sabía cómo gastar mi energía.

En el momento estaba muy mal, tenía que ocuparme de mi misma y decidí vender dulces. Me despertaba, dejaba dinero para comprar pasteles, entrenaba y cuando volvía por la tarde, vendía los pasteles muy rápido. Yo en una hora vendía todo y me decía, “aquí está pasando algo” y estaba pasando que yo salía nueva de ese gimnasio. Pensaba en mis zapatos rotos y en que no tenía ropa, pero cuando salía del gimnasio con esos zapatos rotos, los arreglaba y estaba bien. Poco a poco me fue empujando, aconsejando el mismo boxeo, me hizo más inteligente.

Creo que el boxeo es un deporte que te obliga pensar porque cuando estás practicando una combinación técnica tienes que pensar en lo que estás haciendo. En mi caso tenía que pensar en lo que iba a hacer una vez que saliera del gimnasio, en cómo llegar a esa felicidad, a esa cosa tan linda que estaba pasando y cómo sacarla de allí para fuera para mi vida. Y así lo hacía y me fui haciendo una persona más alegre, empecé a reír más, empecé a quererme más como persona, amarme más a mi misma.

Vemos en el documental que eres una fuente de apoyo para las chicas jóvenes que quieren boxear. ¿Tuviste a alguien así en tu vida?

Tengo una gran amiga que siempre me ha apoyado cuando he necesitado un consejo e incluso económicamente. Siempre ha estado ahí. Pero realmente el apoyo que encontré gracias al boxeo ha sido del fotógrafo danés Bo Grabiel Karlsen. Vino a Cuba y me vio en el gimnasio, la única mujer que entrenaba con todos los varones, concentrada en lo mío y no en el fotógrafo o en el extranjero que podía dejarnos algo y se enamoró de mi persona. Todo el apoyo que he tenido ha sido de él y del boxeo.

Mi familia y mis vecinos también me apoyan diciéndome que puedo hacerlo y mi entrenador, Naldo Mestre Flores, me da apoyo incondicional para todo. Pero a veces en la vida no se trata de quién te tienda mano o el apoyo que puedas tener o no. La vida se trata de lo que tú decidas hacer en tu vida, de decirte a ti misma que puedes hacerlo con o sin apoyo porque a veces te quieren dar una mano, pero no es la mano ideal. Todo está en tu mente diciéndote a ti mismo que puedes hacerlo. Me aventuré y fui a los EE.UU. diciéndome que podía hacerlo, pero no pude. Es otra experiencia que gané, para mí las derrotas son experiencias. La persona que más me ha apoyado ha sido Namibia Flores Rodríguez.

¿Cómo te hace sentir ser un modelo a seguir para las jóvenes boxeadoras?

Es increíble. A esta altura del juego es como una medalla. Cada persona que me escribe, cada boxeadora dentro y fuera de Cuba, cada entrenador, cada persona que dice, "Oye boxeadora, eres una campeona". Esas son todas medallas, es otro triunfo en mi vida. No tengo un carro o una casa o riqueza, pero tengo esa parte emocional que pocos tenemos, que viene de toda esta gente que está orgullosa de lo que soy.

Siento que mucha gente ahora me llama la Dama de Hierro para decirme que soy única y especial, todo eso me levanta el ego. Soy como un monje, lleno de grandeza, es como si no necesitara riqueza material. Me siento como si estuviera flotando, soy feliz. A veces la medalla, el triunfo, ser campeón, eso es pasajero. Ya cuando se termina tu carrera deportiva, se terminó. Yo, sin embargo, no he sido campeona y todos los días recibo un mensaje de alguien diciéndome campeona, guerrera, eres un ejemplo a seguir.

¿Qué consejo tiene para las jóvenes que se sienten derrotadas o que no valen nada?

Mi consejo para estas mujeres sería simplemente hacerles saber que hay un tremendo sentimiento que existe en todos los humanos y es el amor a uno mismo. Cuando seamos capaces de amarnos a nosotros mismos más que a nadie en el mundo, nos convertiremos en mujeres mucho más fuertes.

También diría que todos los días, cuando se despiertan por la mañana, para mirarse en el espejo, aunque sea por un minuto, y encontrarse a sí mismas, se pregunten qué es lo que quieren hacer en la vida. Encontrar un objetivo en la vida, un amuleto, una guía para sus vidas, algo que se presentará mientras tengan fe y pongan todo su empeño en ello. Y cuando lo encuentren, no habrá ningún obstáculo humano o natural que les haga sentir derribados.

No hay nada como tener fe y creer en ti mismo y decirte a ti mismo, "¡puedes hacerlo!" Si mi objetivo en la vida es cantar, entonces voy a cantar, aunque a los demás no les guste. Mi sonido siempre será el más hermoso para mí. Eso es, encuéntrate a ti misma, ten fe en ti misma, despierta día tras día queriendo vivir la vida que te han dado y también aceptándote a ti misma.

Encuéntrate a ti misma, ten fe en ti misma, despierta día tras día queriendo vivir la vida que te han dado.

¿Sigues abogando para que las mujeres tengan derecho a pelear o das por sentado que las cosas no van a cambiar?

Sigo abogando por esto. Cuando todo estaba aún abierto (antes de la pandemia) motivaba a las chicas para ir a entrenar. Todas tenían cosas que hacer, pero intentaban organizar su horario para que pudiéramos reunirnos y hacer algo. Pero ahora con esta situación no tuve la oportunidad de reunirlas. Ahora que estaré aquí por un tiempo, seguiré abogando por ello. Muchos periodistas locales me han entrevistado aquí, pero tenemos un gobierno cerrado y no podemos expresar nuestras opiniones como nos gustaría y no podemos hacer mucho ruido. En cualquier caso, no pasará nada que el gobierno no quiera que pase.

¿Cuál es tu plan una vez que termine el confinamiento?

Cuando esto termine, mientras esté aquí en Cuba, me gustaría ir a mi gimnasio, Trejo, y empezar a trabajar para perfeccionar mi papel como entrenadora y luego irme a Europa. Me gustaría visitar tantos gimnasios como sea posible no para que la gente vea a la boxeadora cubana, sino para hablar con la gente. Quiero transmitir a toda esa gente, mujeres, especialmente mujeres, niños, hombres, cuánto puede cambiar la vida si encuentras un amuleto como el que encontré en el gimnasio. Si coges el boxeo como una forma de vida, como si el guante fuera tu corazón y vas adelante con eso. Me gustaría ser alguien que pueda transmitir eso de forma más directa en cada gimnasio al que vaya, para decirle a quien esté allí ese día que no deje de ir ni siquiera por un día hasta que le llegue la fuerza.

Esta entrevista ha sido editada para mayor claridad y brevedad.

Sobre el autor

Haymme is a copywriter and translator based in New York. She is a mental health ally who believes in the power of mindfulness and is currently working to introduce a program at her daughter’s school.

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